Regala Sevilla

por mari n pérez

Torre-Giralda

¿Quién te susurró al oído el murmullo de la calle Sierpes? ¿Quién se aventuró a compartirte su vino y las naranjas, el rumor de los caballos, las voces de poetas que anduvieron sus esquinas? La Giralda resultó ser tu vigía. Te llamó cinco veces el almuédano, el repicar de las campanas, la mujer que nació tras sus paredes, arropada por los muros de la torre, por la historia escrita en sus cimientos. Ishbiliya, mora o cristiana, ciudad encantada de azahares.

Caminas sus calles en diciembre. Hace frío, pero el sol suave del invierno se atreve a calentar tus manos. Te dejas llevar por el murmullo del gentío. Antes, habías cruzado silenciosa la Puerta de la Carne, alertada por ese nombre extraño, que te suena a historias de pasado. Ahora observas la catedral de cerca, entras al encuentro del imán muerto hace ya siglos. Su hermosura te resguarda del frío y lo agradeces. El templo sagrado te roba los minutos, tal es su elegancia. Regresas a la calle y todavía te deslumbra su silueta. Aún es temprano…; así sorteas la cola del Alcázar. Ya lo has visitado. De pequeña, hace mucho; también algún verano no hace tanto, cuando el calor que se derrama no lo apagan las cervezas. Así que estás ahí, de nuevo en la medina, ansiosa por repetir las tapas de jamón del Rinconcillo, la vista acariciadora de la Seta o el helado a Rayas de sabores. Vuelves al brillo del Alcázar, a leer en sus paredes, a resguardarte del frío o del calor en el verde de sus patios.

Revoloteas callejuelas blancas. En un barrio laberinto de paseos, pierdes de nuevo el tiempo que tenías. Te atrapa la estrechez de sus entrañas, las casas que guardan los secretos, también una plaza que te acoge o la casa de Cernuda de repente. Atraviesas Santa Cruz en un suspiro, meciendo tu cuerpo al compás de su silueta, recoges el flamenco que suspiran sus esquinas. Te esperan los Jardines de Murillo que abrazan tu llegada, la huerta del retiro, encuentro cálido entre flores.

En el parque… atardece entre palomas. Te llevó tu padre de la mano o fue tu tío. Aquella tarde de verano está en la foto que aparece en tu memoria en ese instante. La infancia vuelve en este viaje, ahora que estás en el Parque María Luisa, observando otras niñas y otros padres, la alegría. Al despertar de este recuerdo, es diciembre y navidad. Olvidaste los regalos, el detalle a la familia. Agotaste el día entre paseos y no compraste la flamenca…

¿Qué llevar? ¿El dorado brillo de la Torre del Oro entre palmeras? ¿Una tarde de río, las cervezas bien fresquitas del recuerdo de un agosto? ¿El ruido inagotable de la gente entre manzanillas en los Mármoles? La primera vez que caminaste Mateos Gago, te adueñaste del sabor de un vino de naranja. La familia te trajo y allí vuelves. Te acompaña la historia andalusí en las palabras pasionales de tu tío, en su andar ligero, en el nervio del reencuentro con los sitios.

Regresas al hotel y empaquetas los regalos. Guardas la ciudad entre camisas, apretujando el brillo de su luz en la maleta. Que no se escapen las voces antiguas de sus versos, el murmullo del agua en los jardines, los ecos de una lengua dibujada en las paredes, la oración que silba el aire, una saeta. Y en la mano, aún el sabor de la Alameda y un gin tonic, el abrazo de la noche y la familia.

noche

Tres cosas impidieron que me visitara

por miedo al espía y temor del irritado envidioso;

la luz de su frente, el tintineo de sus joyas

y el fragante ámbar que envolvía sus vestidos.

Supón que se tapa la frente con su amplia bocamanga,

y se despoja de las joyas, más ¿qué hará con su aroma?

Al Mutamid

Éste es mi regalo: Sevilla.

Anuncios

7 comentarios en “Regala Sevilla

  1. Cierto…..cierto. Así es esto. Aquí no hace falta que busques pues te encontrarás siempre con la sorpresa, el sabor, los aromas y los afectos que querrás conservar a toda costa. Hay quién dice que uno llega a sentirse enganchado. Más que eso, diría que es como una especie de dulce esclavitud de la cual depende gran parte de nuestra felicidad. No en vano dijo también el rey poeta que, por lejos que la muerte le sorprendiera, quería descansar eternamente en estas orillas del Guadalquivir.
    ——————————————-
    Gracias de corazón, cariño mío. Te quiero

    Me gusta

  2. Debe ser complicado no enamorarse de Sevilla tras conocerla, y una vez enamorado, aún debe ser más complicado no volverla a ver.

    La echo de menos. Y más después de leerte.

    Enhorabuena por el blog, por la prosa y por el verso.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s