1, 2, 3… y así hasta 12 uvas de comerse Fuerteventura

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Se ve desde el cielo, larga, amarilla, llena de sol y de viento sus costas. Te llega la brisa marina y la calma del paisaje. Cuando aterrizas recuerdas los atascos que no quieres, el frío del que huyes, las prisas de esta época en las calles. Así que te sientes afortunada porque este año a alguien se le ocurrió Fuerteventura y allá vas, a la isla que ya sabes que te encanta, en verano o en diciembre, da igual el momento, porque la luz de Fuerteventura permanece encendida todo el año.

Te comeré en bañador, tirada en los lagos de La Concha en el Cotillo, jugando con la soledad del viento y de la arena, atrapando el calor tibio del invierno.

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Te sentiré desde el aire, agarrada por primera vez a una cometa de colores o al equilibrio de una tabla que lucha por hundirse. En Sotavento, insistiré en flotar en su laguna, aprenderé con calma los ejercicios necesarios para pasear el mar y sus corrientes.

Te acariciaré en Cofete, también al sur, más allá de Morrojable, por el camino pedregoso que continúa construyendo la isla. Y en la soledad eólica de su orilla, leeré el viento de sus aguas, que agita violento este paisaje, aislado, sin chiringuitos ni sombrillas, tan sólo el ulular de leyendas viejas tras los muros de una villa silenciosa.

Te imaginaré desde la terraza del pueblo, ahora que el mar se levanta y no permite paseos. Te observaré desde el norte, isla pequeña, se dibuja en Corralejo tu silueta. Isla de Lobos, guarda el faro que Antoñito encendiera hace ya tiempo, dando luz al encanto de este islote. Saborearás los versos de Josefina Plá, poeta, ensayista, pintora y tantas cosas…; mientras te recreas en otros sabores de la isla. No olvidarás visitar su imagen, cerca de la playa de las Conchas, escultura homenaje a esta mujer nacida al borde de un faro, entre Lobos.

Te pasearé el interior de tu mapa, en ese viaje en el tiempo que es Betancuria, más verde, más fría, más vieja. Villa antigua, nacida en el siglo XV como un oasis en este desierto.

Te recorreré a pie o en bicicleta, por la carretera de la costa, entre Cotillo y Corralejo, con el mar al lado y sus arenas. Iré despacio, observando el viento, el vaivén de las montañas onduladas que son dunas… Y cuando el cansancio empiece a colarse en el camino, habrá un bar entre la arena, donde estrenar la última cerveza del año.

“… Y, de pronto, el viajero

surgió. Sobre el sendero

sus pies dejaban pálido,

fosforente reguero…”

JOSEFINA PLÁ

¡Feliz año, Feliz viaje!

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