Tuanis mae…

por mari n pérez

“En este malpaís que es paraíso,

donde se enciende el mar como una hoguera”

1

Todo el que llega a Costa Rica sale huyendo de San José, una ciudad afeada por barrotes y vallas electrificadas, llena de miedo y de puertas cerradas.

Sin embargo, detrás de esa estética extraña y gris, San José es “tuanis”.

Llegas al aeropuerto tras un viaje largo desde Europa. A lo mejor algún amigo te está esperando, casi seguro cogerás un taxi que te lleve al centro. No tendrás problema, hay tantos alojamientos donde elegir…, Costa Rica es “el destino turístico de Centroamérica”. Decides que será mejor algo sencillo, así habrá más gente como tú. Te hablarán de las maravillas de este país sin ejército, de sus orillas, sus volcanes, de su interior selvático de colores brillantes y animales imposibles. Todo ello lo sabes y lo esperas. Ya te lo han contado, lo han visitado tus amistades y todos te han transmitido emocionados, ese arco iris de sorpresas que es Costa Rica. Pero tú sigues ahí, en la entrada del paraíso. Y te preguntas qué hacer. Adónde ir. Empiezas a informarte sobre horarios y destinos, intentando cuadrar en tu agenda los lugares y los tiempos. Te entra un hambre voraz y sales a la calle. Quieres probar el gallopinto, así que empiezas el viaje con un trozo de Tiquicia en tu plato. En el bar, justo al lado, unas chicas hablan de sobremesa, te miran, sonríen, sí, española, ¿ah sí?, yo también, aunque ya casi tica, más de diez años aquí, claro, no, no, turista, aún no sé, estoy decidiendo si empezar por el Caribe, Tortuguero quizás… ¿Un concierto? ¿Malpaís? Sí, mujer, un homenaje, es que murió no hace tanto, sí, el cantante. Compra la entrada ya, ¿no los conoces? Escúchalos, eso también es Costa Rica.

Así que un par de noches después estabas en el Estadio Nacional, acompañada de amigas nuevas y de las emociones que desprendían todas aquellas letras. Después, bailaste en La Chicha hasta muy tarde, entre reggae, risas e imperiales. No hubo descanso para la alegría. Mañana te esperamos en El Lobo Estepario. Te encantará, verás, más música, quizás también poesía, a las ocho mejor, comeremos antes, allí mismo sí, frente al museo, hay platos ricos, déle.

Después el Anochecer, conciertos, más conciertos; un paseo en el centro y un café en el mall; una peli de autor en la Sala Garbo, unas risas en otro bar a la espera del zarpe que nunca llega, gente, historias, la conferencia del amigo, todo se comparte. En este espacio vital se escapan los barrotes, se deshacen para hablarnos cerca; se vive el tiempo en el trajín del día y las posibilidades de la noche, que se abre a la alegría. Te olvidaste de tu viaje y viajaste.

No saliste de Chepe. No pudiste. Llegaste al Poás casi el último día, apurando para llegar al avión. Te recordaste llegando a San José, estudiando dónde ir, qué hacer.

2

“¿Cómo? ¿Es tan tarde ya? ¿Tanto estuve cantando…?”

“En este malpaís que es paraíso”. Sonreíste, feliz.