La isla encantada de Turquía

playa

por mari n pérez

Cuando pienso en Turquía, pienso en Bozcaada. Por supuesto, Santa Sofía y el desconcierto fotográfico de los turistas, la Turquía libre manifestándose ante la prohibición de risas islamistas en la famosa Istilkal Çadesi, la miel de los baklavas y los aromas de colores del Gran Bazar, y un largo etcétera de sabores y lugares exóticos; sin embargo, mucho más allá de estas delicias históricas del Estambul de las guías, Bozcaada sigue siendo mi primera fotografía de Turquía.

finalEl ferry tardó menos de una hora en llegar a la isla. Dejamos atrás la urbanita Çanakkale para acercarnos a la sorpresa de Bozcaada. Esta isla pequeña, cuya única aldea te recibe en su puerto para ofrecerte la armonía de sus casas blancas y de sus callejuelas adornadas de olores ricos de verano. Desayunamos en un bar azul y blanco, respirando el calor de julio en medio de una calle pequeña, techada de uvas que refrescaban el sol y recordaban el pasado griego de la isla. No fue ésa la única vez que nos sentamos en el bar Batti BalikRegresamos allí varias veces en busca de colores mediterráneos y de los sabores de los vinos jóvenes que recorren gran parte de los 36 km2 de la isla. Porque en Bozcaada puedes comer como los dioses.

2Por las noches, desde la plaza, la fortaleza veneciana a lo lejos. Entonces, decidíamos que debía ser una copa globo, grande; transparentada de un vino tinto de color profundo, de aroma tranquilo, pero de un sabor cruel que recordaba el pasado turbulento de la isla. Sentados en el bar Polenta, con el hocico asomando a la plaza del pueblo y a los viejitos jugadores de backgammon, oíamos las risas turcas y los murmullos griegos de esta isla de pasado atormentado, oficialmente turca ya desde 1923, pero cuya realidad se columpia entre unos y otros, como su nombre: Bozcaada turca, Tenedos griega.

1En este julio, los turistas exceden a los habitantes y se mezclan con ellos, también nosotros. En un atolondrado paseo nocturno por sus calles, siempre pequeñas, acabamos en medio de un sirtaki, musicado por una orquesta familiar improvisada en los escalones de una casa. Todo eso podía ser la noche. Durante el día, disfrutar sus playas: la soledad salvaje de Aquarium o la comodidad del turista en la solicitada Ayazma.

Por un momento se confunden los lugares, pero es igual. Impregna el aire el mediterráneo. A eso huele la isla, a la luz y a la vida del Egeo, aunque se aleje en el mapa de los destinos típicos que ofrece el mar en esta parte del mundo.

Por eso Bozcaada no es típica. No te sorprendas si encuentras a un Gengis Khan de ojos azules, que ahora decidió ser futbolista y se pasea en su moto por la isla. O a un francés que viene a probar el vino para intentar comercializarlo más allá de estas orillas y cuyos racimos llegan hasta la puerta de nuestro hostal, en las manos de su dueña (de nombre impronunciable) quien, además, te ofrece su amabilidad anciana y hogareña. O quizás nos veas de nuevo, sentados en el Batik Balik, apurando el último desayuno, entre aceitunas, mermeladas caseras y dulces de pistacho, masticando a trozos la felicidad, antes de que se la lleve el barco y volvamos al continente, dirección Çanakkale-Estambul-España.

final2

Anuncios